Al recorrer las instalaciones del Zoo Luján podemos observar en distintas ubicaciones monos pertenecientes a tres de las cuatro especies que existen en la Argentina. Ellos son: el mono aullador negro o carayá-hú (Alouatta caraya); el mono de noche o mirikiná también llamado mono lechuza (Aotus azarae) y el caí común o capuchino (Cebus apella).
Llama la atención de los visitantes el gran número de ejemplares de caí y carayá que se exhiben. Muchos preguntan sobre su origen y se sorprenden cuando les comentamos que la mayoría de ellos antes de llegar al zoológico vivían en casas y departamentos en Capital Federal y en otras ciudades. Otros fueron criados en laboratorios y centros de investigación que los usaban para la realización de experimentos y algunos nacieron en el Zoo.
Todos llegaron más o menos de la misma manera, la mayoría donados por particulares que los mantenían como mascotas; otros incautados por las autoridades y derivados al zoológico. Muchos ejemplares fueron hallados después de haber sido abandonados o haber escapado para posteriormente ser recapturados y remitidos al zoológico.
Todo esto hace que reflexiones respecto a una faceta de la conducta humana, que se remonta a los orígenes de la civilización, la de apropiar ejemplares de la vida silvestre sin fines utilitarios, y sobre todo pichones o cachorros.
Esta conducta en tiempos prehistóricos, condujo a la domesticación de muchas especies y a la obtención de variedades y razas útiles a los intereses humanos.
La apropiación indebida de animales de la fauna silvestre, es para convertirlos en mascotas criadas como animales domésticos y en el caso de los monos pequeños como si fueran bebes humanos, mantenidos y tolerados hasta que se convierten en adultos. Es aquí cuando la mascota se convierte en un problema y el apropiador decide desprenderse de ella, abandonándola u ofertarla en donación a algún zoológico.
El que compra una de estas mascotas, por lo general ignora como y donde los monitos son obtenidos. Los cachorros de caí y aulladores, son ofrecidos en venta por lugareños a los costados de los caminos y rutas en sus provincias de origen o pueden ser adquiridos en forma ilegal en comercios de fauna.
Ahora, ¿como son obtenidos estos cachorros que llegan al circuito comercial de fauna?
En el caso de los monos aulladores, finalizado el periodo de reproducción que se extiende desde mayo a agosto, las tropas son localizadas y perseguidas con la ayuda de perros, cuando se logra cercar a las hembras con cría, se las mata a golpes de machete para quitarles la cría que se aferra con desesperación a la madre. Sabemos que un alto porcentaje de estos cachorros, 72 al 85,5 por ciento, muere en los días subsiguientes al de la captura por estrés, deshidratación, alimentación deficiente y encierro en recintos inadecuados.
También las operaciones de captura afectan a los grupos, además de las madres, otros ejemplares son también muertos; el grupo puede desintegrase o las pautas de la organización social que caracterizan a la especie alterarse totalmente.
Los cachorros que sobreviven a las etapas de captura y transporte, afrontan nuevos problemas en lo que será la etapa de cautiverio como mascotas, en general las dietas suministradas son inadecuadas, serán afectados por procesos bacterianos y parasitarios y enfermedades respiratorias que se convierten en las principales causas de muerte.

Juega también un rol preponderante el estrés a la que se ve sometido el ejemplar desde el momento de la captura hasta la llegada de lo que será su última residencia, el zoológico y que se resume a continuación:
1- El neonato en contacto con su madre durante los primeros días de vida se encuentra en el estadio crítico de su desarrollo neurológico, todo lo que el ejemplar percibe y aprende en este período se grabará de forma indeleble y marcará la totalidad de su comportamiento hasta la muerte. Este proceso en Etología se denomina aprendizaje precoz por impronta, también llamado grabación o troquelado. En este estadio se imprimen los lazos sociales de relación con sus congéneres.
2- A ser violentamente separados los cachorros de sus madres, el proceso de aprendizaje precoz se verá interrumpido y el neonato es sometido a nuevas y diferentes experiencias que lo llevan al estado de estrés y en la mayoría de los casos a la muerte.

3- En contacto con las personas que lo han “adoptado” el cachorro iniciará una nueva y diferente etapa de aprendizaje que se improntará bajo dos formas, una la impronta filial donde el sujeto aprende a reconocer como sus progenitores a personas o ejemplares de otras especies. La otra, es la impronta sexual derivada de la primera, el ejemplar será incapaz de establecer una relación de reproducción con miembros de su misma especie, por el contrario su interés sexual estará dirigido hacia los humanos o ejemplares de otras especies que mediante la impronta percibe como sus congéneres. O sea en ambas formas la falta de contacto con monos de su misma especie, hace que el ejemplar pierda su identidad específica.
4- Al convertirse en adulto, el comportamiento sexual de estos ejemplares improntados hará que sean considerados como elementos indeseables y en consecuencia se decide su eliminación mediante la cesión a zoológicos o entidades afines.
5- Se inicia una nueva etapa altamente traumática para el mono. Se genera una nueva situación de estrés debido a la ruptura de los lazos afectivos que lo ligaban a las personas y animales con los cuales convivía hasta ese momento. Debe adaptarse a nuevas situaciones: relacionarse con otras personas los de aquí en adelante serán sus cuidadores; cambiar sus hábitos de alimentación y lo que es más estresante comenzar a vivir con monos de su misma u otras especies.
6- Al principio, deberá soportar contactos de reconocimiento a los que no estaba acostumbrado, seguidos de despliegues de amenaza y agresiones múltiples; ante la imposibilidad de huir el mono buscará refugio en un rincón de la jaula donde permanece agazapado e inmóvil, entrando en un estado general de apatía, no ingiere alimentos ni agua o lo hace en pequeñas cantidades y morirá.
7- En el caso de sobrevivir podrá comenzar a interactuar en forma tímida con los monos que comparten la jaula, irá ganando confianza, la ingesta de agua y alimentos se regularizará y de esta forma logrará sobrevivir por lo general no más de los dos años y medio como consecuencia de las secuelas dejadas por su vida pasada y experiencias traumáticas vividas.

Algunos monos pueden ser rehabilitados, y se adaptan a la vida integrando grupos organizados socialmente, pueden reproducirse y desarrollar pautas de convivencia e interacción en forma prácticamente normal, pero son los menos, para ello cientos murieron por nada, nada más que para satisfacer la codicia de algunos, el capricho de otros, la crueldad de muchos, pero todos unidos bajo un denominador común la ignorancia y la desaprensión frente a los dones que nos brinda la naturaleza, viven pero no dejan vivir.
Mientras escribimos y leemos estas líneas, cientos de aulladores están siendo exterminados, cientos se encuentran viviendo en condiciones antinaturales, cientos se hallan expuestos a una muerte anticipada, cientos y miles son muertos vivos desde el punto de vista biológico, todo como resultado de ese
absurdo que se llama mascotismo.
Juan José Bianchini
Biólogo Zoo Luján

