El amansamiento de grandes felinos en el Zoo Luján
Los grandes felinos del Zoológico de Luján –leones, tigres y pumas– se caracterizan por su extraordinaria mansedumbre, se comportan como animales domésticos, sociables y nada agresivos. Se los puede ver compartiendo sus recintos con felinos de su misma y otras especies, también con perros e interactuando con sus cuidadores, tanto dentro como fuera de las jaulas. Ante este cuadro, las preguntas de los visitantes son:
¿Son peligrosos?
¿Están dopados o drogados? y lo más interesante
¿Cómo logran amansarlos?
La primera de las preguntas, ¿son peligrosos?, surge ante la creencia popular, que son animales salvajes, agresivos y dispuestos siempre al ataque; también ante otra creencia de que han sido capturados en sus hábitats naturales de origen para ser trasladados a los zoológicos y parques donde son exhibidos.
Nada más alejado de la realidad. La historia es otra, ya que desde mediados del siglo XIX se vienen criando tigres y leones en cautiverio, de los cuales descienden las múltiples generaciones de ejemplares que se mantienen en las instituciones zoológicas de todo el mundo. Estos felinos se reproducen con suma facilidad, y el número de ejemplares existentes en cautiverio, pronto sobrepasará al de ejemplares que viven en libertad.
Se debe mencionar que en la actualidad las poblaciones silvestres se encuentran en continua declinación y amenazadas de extinción. Lamentablemente algunas ya han desaparecido, mientras que la amenaza de extinción se cierne sobre las restantes. Para algunos la única esperanza de supervivencia, como el tigre del sur de la China, el tigre de Sumatra y tigre de Siberia, es precisamente la cría en cautiverio.
Refiriéndonos a la segunda pregunta que hacen los visitantes al ver a muchos de los felinos durmiendo, ¿están dopados o drogados? Se debe considerar que en libertad la mayoría de los felinos son animales de hábitos nocturnos y pasan las horas del día durmiendo ocultos y protegidos de este modo ante cualquier amenaza. En cuanto a los leones, si bien se los puede observar activos durante parte del día, pero es ampliamente conocido que duermen hasta veinte horas diarias. Lo que implica que de un día completo, y para hacer un análisis simple y lineal, restan solo cuatro horas en los que sería “natural” ver a estos animales en plena actividad como los vemos en filmaciones de tipo documental.
Un indicador fehaciente, ante la duda de si un ejemplar se encuentra bajo los efectos de algún calmante, tranquilizante, sedante, somnífero o fármaco de esta naturaleza, es la posición del tercer párpado o membrana nictitante que esta bien desarrollada en los felinos.
Esta membrana corre transversalmente a lo largo del ojo desplazándose desde la parte interna a la parte externa. Están ubicados entre los parpados externos y la superficie del ojo propiamente dicha. Las funciones que cumple este tercer parpado son muy variadas,
siendo la más importante la protección de la córnea y el ojo en un todo. Lo cierto es, que cuando un animal de éstos está “drogado o dopado”, este tercer párpado, que es semitransparente es perceptible cubriendo el ojo en forma parcial, y no respondiendo a estímulos. Existen, además otros signos que denotan estados de sedación como el babeo, posición de la lengua, andar tambaleante y reactancia a la toma de alimentos y bebidas.
Como una cuestión de sentido común, se debe considerar que, cualquier animal incluido el hombre, si fuese medicado con tranquilizantes o somníferos en dosis que los mantienen sedados o dormidos durante largas horas del día y todos los días de su vida acusaría esta agresión farmacológica y moriría prematuramente, por intoxicación con las consiguientes fallas orgánicas masivas. También se debe considerar en que en ese estado el animal no se alimentaría adecuadamente lo que aceleraría el proceso de destrucción.
Para responder a la tercera pregunta ¿cómo logran amansarlos?, debemos referirnos al tratamiento que da lugar al amansamiento extremo que se observa en los grandes felinos que habitan el Zoo Luján. Dicho tratamiento comienza antes del nacimiento, y continúa durante toda la vida del individuo, mediante el desarrollo de estrategias de aprendizaje temprano, condicionamiento operante y habituación, conjunto de acciones que se considera marca en forma indeleble o impronta el comportamiento para toda la vida de los ejemplares sometidos a este proceso.
Esta técnica es diametralmente opuesta a aquellas donde el dominio del hombre sobre el animal se impone mediante castigos, privación y métodos que rayan con la tortura, lo que hace que las respuestas de conducta requeridas lo sean por miedo. Los cambios de conducta inducidos de esta forma, son por lo general son temporales y reversibles.
El trabajo, se inicia cuando la hembra preñada es separada, compartiendo el tiempo total con las personas que la tendrán a su cuidado durante el parto y días siguientes a fin de que pueda sortear esta etapa con total confianza y tranquilidad. Esto permite también que durante la preñez, además de estrechar los vínculos con sus cuidadores aún más, los cachorros en el útero materno que perciben sonidos, puedan familiarizarse con las voces humanas además de las caricias que reciben a través del vientre de su madre.
El parto, suele ser muy largo y agotador para la hembra. Es entonces que los cuidados y caricias se multiplican. Esto da confianza a la madre, que suele buscar la mirada del cuidador como si encontrara en él un indicador del estado de las cosas incluso extiende sus miembros apoyándolos contra el cuerpo del cuidador, señal de total entrega y confianza afectiva.
El primer contacto que tienen los cachorros con el mundo exterior, es con la persona que los ayuda a nacer y recibe con sus manos. El cachorro es presentado a la hembra, que luego de olfatearlo para reconocerlo, corta el cordón umbilical con sus dientes y a continuación procede a limpiar al recién nacido, que el cuidador sigue sosteniendo entre sus manos.

El segundo paso, en el proceso de aprendizaje iniciado, tiene por objeto inhibir la conducta de agresión. Conducta, que normalmente se adquiere en forma inicial como consecuencia de la competencia entre los cachorros lactantes, por la posesión de las mamas más ricas en leche. Para conseguir esto, se comienzan a rotar a los mismos de un pezón a otro, maniobrando de forma tal que todas puedan alimentarse lo suficiente y que puedan estar mamando todos al mismo tiempo.
Los cachorros, son separados de la madre durante cortos lapsos de tiempo para ponerlas en contacto con personas y animales domésticos, para luego ser devueltas a su madre. Estos intervalos de separación, se van aumentando, a medida que van creciendo, trabajo que posibilita el desarrollo neurológico de los cachorros en medios ricos en estímulos sensoriales, aumentando así la capacidad de aprendizaje y adaptación, dado la variedad de alternativas de aprendizaje perceptivo de cada uno de de ellos.
Más adelante, una vez que ya se han criado fuertes y sanos, pasan a integrar grupos sociables, esto implica que empiezan a convivir con miembros de su misma y otras especies, siempre ante la presencia constante de los cuidadores que nunca han dejado de interactuar con ellos y la madre.
Esta forma de aprendizaje por estimulación temprana, se desarrolla durante un período corto de tiempo, que corresponde al período crítico del desarrollo del sistema nervioso y que cesa cuando este se ha completado. Las experiencias adquiridas durante período, servirán de referencia al individuo, para actuar y delinear su conducta a lo largo de toda la vida.
El resultado de la integración de los elementos innatos y los elementos adquiridos del comportamiento animal, genera cambios en su personalidad y en características de su conducta. Entre los principales cambios, encontramos, la inhibición de los patrones de conducta de agresión y competencia y su reemplazo por nuevos patrones de conducta regidos por la sociabilidad, la tolerancia y la adaptación no traumática a los cambios y al entorno.
Esta metodología de crianza es tan poderosa en cuanto a los resultados asombrosos que se consiguen, que hecha por tierra incluso la “Teoría de las Cinco C’s”, componentes que regulan la conducta de las especies silvestres en cautiverio, las cinco C son:
- Comida
- Celo
- Crías
- Casa
- Castigos pasados
Estas son las cinco cosas con las que hay que ser extremadamente cuidadoso y respetuoso con los animales. La quinta C, es decir los castigos pasados que haya sufrido un animal, escapa al control de alguien que reciba un animal con un pasado de abusos y malos tratos. Cualquier asociación que el animal haga con un olor, un parecido visual, un timbre de voz, lo que sea, puede disparar en el animal un comportamiento agresivo de defensa por traumas adquiridos. Por lo tanto, lo dejaré fuera del análisis para concentrarnos en las otras cuatro, que afectan a un animal, tenga o no un pasado difícil.
¿Cuántas veces escuchamos de un perro de algún conocido, que uno no se le puede acercar mientras come? ¿O que si está en celo, mejor estar lejos de su hembra cuando esté presente? ¿O que alguna perra tuvo cría y gruñe cuando uno se acerca a los cachorritos (ni hablar de querer agarrarlos)? ¿O que el cuadrúpedo se hizo dueño de alguna parte de la casa, del jardín o del departamento y es una batalla titánica atravesar ese lugar puntual, pues se volvió territorial? ¿O de los múltiples ataques de perros a humanos con secuelas de muertes y mutilaciones?
No fue por casualidad que elegí el perro. El perro tiene miles de años de domesticación, (12 a 14 mil años) y sin embargo hoy, después de una enorme cantidad de generaciones de ejemplares domesticados, sigue mostrando, en muchos casos conductas de agresión frente a alguno de los estímulos aquí mencionados. Por otro lado, si tomamos un tigre, un león o incluso un leopardo; que lejos están de tener miles de años y generaciones de domesticación, vemos que nos permiten compartir sus crías, comen de la mano de sus cuidadores, no tienen inconvenientes en que sus cuidadores estén presentes mientras copulan y mucho menos les molesta que sus cuidadores compartan sus recintos con ellos y no se hacen dueños de ningún espacio en particular. Estos dos ejemplos tan extremos hablan por sí mismos del poder del aprendizaje temprano y sus resultados permanentes en la conducta animal. No se trata de la cantidad de generaciones únicamente, sino también de la calidad, profundidad y eficacia de las técnicas empleadas.
A medida que avanza la ciencia, se hacen nuevos descubrimientos en todos los rubros. Siendo la Etología y la Psicología Animal, disciplinas relativamente jóvenes, y en plena etapa de descubrimientos y renovadas postulaciones, no cabe la menor duda que mucho es aún lo que queda por investigar y que éstas, hasta ahora consideradas excepciones, pasen a constituir hechos comprobados que podrán sustituir muchas de las creencias establecidas sobre la conducta animal y en particular de aquellas que hasta ahora consideramos instintivas.
SEBASTIAN BAGÓ
JUAN JOSE BIANCHINI
JORGE ALBERTO SEMINO
