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Zoo | Elefantes | Cachorros

Diez Años entre nosotros

El 29 de julio de 2009, se cumplieron diez años de la llegada de Sharima y Arly, las dos elefantes que en 1999 adquirió la Fundación Ecológica Zoo Luján, y con las cuales, los visitantes a este Zoológico pueden interactuar y compartir momentos afectivos.


Como en todo acontecimiento, afloran los recuerdos y anécdotas, algunos vividos en el lejano país de origen de estos ejemplares; otros referidos a peripecias durante el transcurso del largo viaje rumbo a nuestras tierras; otros de las personas con las cuales se compartieron momentos y experiencias ya una vez en el Zoológico de Luján.

Recuerda Daniel Bucci

Actualmente Coordinador Parque Zoológico y Responsable del Manejo de Animales, quién hace 10 años fue designado Cuidador de las elefantas recién llegadas.

Sharima y Arly, tales son sus nombres, llegaron a la Argentina – Aeropuerto Internacional de Ezeiza – una muy fría mañana del día 27 de julio de 1999, en un vuelo procedente de Yakarta (República de Indonesia). El vuelo de 36 horas de duración se efectuó con escalas en Singapur (Malasia) y Amsterdam (Holanda) donde se efectuó el cambio de aeronave.

Acompañaba en calidad de cuidador y entrenador el señor Supriyanto, Jefe de Entrenadores de Elefantes del Zoológico Ragunan de la ciudad de Yakarta en la isla de Java y bajo cuya dirección desarrollan tareas específicas en relación con el manejo de elefantes alrededor de 144 personas. En aquel entonces la edad de Supriyanto era de 36 años y como dato curioso Supriyanto es su único nombre.

La misión de Supriyanto no sólo era acompañar – como se estila – a los animales en viaje, sino también durante una permanencia de seis meses en Luján, entrenar al personal de cuidadores sobre el manejo de estos paquidermos donde hasta se incluía la enseñanza de palabras en bahasa el idioma indostaní, único que hasta ese momento entendían ambas elefantes y las que con el correr del tiempo pasarían a ser bilingües con el aprendizaje de órdenes impartidas en nuestro idioma.

Ahora nos ocuparemos de nuestras elefantes, Sharima es la mayor y Arly la menor. Nacieron en la isla de Sumatra, Sharima en una reserva situada en región sudeste de la isla y Arly hallada perdida en la selva cuando solo contaba con menos de un año de edad. Pronto fueron trasladadas al Zoo de Ragunan donde empezaron a ser entrenadas.

En 1999, Sharima de cuatro años de edad, pesaba 550 kilogramos y su altura era de 1,55 metros; Arly de tres años, pesaba cien kilogramos menos o sea 450 y su altura era de 1,45 metros. En la actualidad con 14 y 13 años de edad respectivamente, Sharima tiene un peso estimado en los 4500 kilogramos, Arly 3800 kilogramos y miden respectivamente 2,35 metros y 2,25 metros de altura.

Como se expresó anteriormente por un lado el personal del Zoo Luján debió aprender palabras a fin de impartir órdenes en bahasa algunas de las cuales recuerda Daniel como: minun cuyo significado es tomar agua; du–duk agáchate; diam quieta; ambel alcánzame; mundur atrás. Por el otro lado, las elefantas pronto aprendieron palabras en nuestro idioma: abrir, tirar, acostarse y otras que pasaron a ser parte de su léxico.

Llegaron a la Argentina una fría mañana de invierno, procedían de un entorno donde la temperatura media anual oscila entre los 26 y 28 grados centígrados y las precipitaciones alcanzan la cifra de 4000 milímetros al año.
El traslado desde el aeropuerto al zoológico se efectuó sin inconvenientes y ya en su lugar definitivo de alojamiento, la primera en salir del contenedor que la llevaba fue Sharima que sin titubear y acompañada por Arly se instalaron en un sector del gran corral construida para ellas donde de inmediato comenzaron a comer y pastar como si hubieran vivido siempre en este lugar.

Ambas son sumamente dóciles e inteligentes, se adaptaron a la perfección a su nuevo entorno, establecieron lazos afectivos con sus cuidadores, están aún aprendiendo nuestro idioma y además algunos juegos como patear pelotas o interactuar con los cuidadores en todo momento. A los tres meses de su arribo, viajaron a la ciudad de Buenos Aires, donde en un canal de televisión fueron presentadas al público en un popular programa; en esa oportunidad y otras posteriores, ingresaron caminando a los estudios, se desplazaron sin inconvenientes por los mismos, aguantaron las efusiones de conductores, productores y público e incluso permitieron ser montadas antes las cámaras televisivas.

Recuerda Santiago Semino

En 1999 tuvo a su cargo una misión sumamente compleja, hacerse cargo de todas las tramitaciones necesarias para el traslado a Luján de las elefantes adquiridas, misión que debió efectuar a 15.557 kilómetros de distancia, al otro lado del mundo en un país del sudeste asiático donde idiomas, usos, costumbre, condiciones climáticas son diametralmente opuestas a las nuestras. A ello sumado, acababa de ser destituido un gobierno autocrático y genocida impuesto por más de 30 años y donde un aire enrarecido de guerra civil se palpaba en el aire.

Las gestiones fueron prolongadas y complejas, primero ante las autoridades del zoológico de Yakarta, y a poco de la partida ante las autoridades del Ministerio de Medio Ambiente, pero el trato cordial, oficioso allanó todos los caminos y a pocas horas de la partida todo estaba en orden.

Pero a último momento surgió un inconveniente, que casi hizo peligrar el éxito de la misión. La única compañía aérea que se avenía a efectuar el traslado Yakarta – Buenos Aires, establecía como condición ineludible que una persona de esa compañía, experimentada en el manejo de especies animales en tránsito, debía también viajar en calidad de acompañante en todo el trayecto.

La persona experimentada, no aparecía, se encontraba en Arabia Saudita y llegó a Yakarta pocas horas antes de la hora prevista de partida.

Los dos contenedores con las elefantas, fueron puestos en una bodega contigua al espacio para pasajeros en el Boeing 747. Los acompañantes eran cuatro, Semino, Supriyanto, Iwo (también del Zoológico Ragunan) y el experto de la compañía aérea cuyos únicos antecedentes confesados eran habar acompañado algún caballo importante en vuelo. Todos ellos ocupaban los cuatro últimos asientos, junto a la puerta que comunicaba con la bodega, por donde cada tanto Supriyanto se deslizaba a fin de controlar y suministrar alguna golosina a las viajeras.

En el momento de decolaje, un estridente berrido hizo saltar de sus asientos a los desprevenidos pasajeros que entre sorprendidos y aterrorizados no entendían lo que estaba sucediendo. Ignoraban la carga que los acompañaba y después de las explicaciones impartidas por el capitán de la aeronave y auxiliares de a bordo pretendían ingresar a la bodega para contemplar a las viajeras e incluso compartir del tiempo de vuelo.

Recuerda Norma Puricelli de Semino

Todos recuerdan anécdotas referidas a Sharima y Arly, pero quizás lo más llamativo y digno de ser contado se relaciona con las personas que en los primeros momentos participaron en todas las actividades de manejo de las elefantas.

El protagonista principal y centro de todo lo que iba a suceder en los próximos siguientes seis meses era Supriyanto , figura clave en el proceso de adaptación de las elefantitas y adiestramiento de nuestros cuidadores, pero existía un problema, el único idioma que manejaba Supriyanto era el bahasa, ninguna o muy pocas palabras en inglés y nada de español. Por nuestro lado, la pobreza idiomática era similar.

En los primeros días, se constituyó una cadena que salvaría la situación de comunicación entre hispanos parlantes y bahasa parlante.

Las preguntas o temas en español, eran transmitidas a Santiago Semino, quién domina a la perfección el inglés, él se comunicaba con Paul (un indonesio representante de  FUNDACEC, fundación conservacionista de origen alemán que había intervenido en las tratativas para la obtención de las elefantas) quién del inglés transmitía en bahasa a Supriyanto la inquietud planteada y en forma inversa se retransmitía la información siguiendo el camino Supriyanto – Paul – Santiago S. – interlocutor hispano parlante.
Pero a los pocos días la cadena se rompió con la partida de Paul.

Enctonces recuerda Martín Pérez

Martín era en aquel entonces cuidador de felinos en el zoo, fue junto con Daniel Bucci designado cuidador de elefantes, pero con la particularidad de que en elefantes debe haber una única persona responsable y a cargo de cada uno de los ejemplares, en consecuencia Daniel B. sería el cuidador oficial de Sharima y Martín P. de Arly. Pero para el desempeño de esta misión, necesariamente debían establecer un fluido dialogo con quién a su vez sería su entrenador, Supriyanto .

Los primeros días con el funcionamiento de la cadena de transmisión idiomática no hubo problemas, pero la partida de Paul las cosas parecieron encaminarse hacia una vía muerta.

Pero el ingenio suplió la barrera del idioma, señas, monosílabos, y sobre todo dibujos, dibujos hechos con el dedo en el suelo fueron salvando la situación, hasta que la Embajada de la República de Indonesia envió a uno de sus integrantes el señor Kryss él que los días sábados, domingos y feriados concurría al zoológico a fin de actuar como interprete y así de esta forma salvar la situación.

Poco a poco Supriyanto fue aprendiendo palabras en español y en poco tiempo logró comunicarse en forma fluida.

Recuerda Claudio Luís Nieva

Claudio N. es ingeniero agrónomo y viene desempeñando funciones de coordinador en el Zoo Luján. Hace diez años estableció relaciones con la Embajada de Indonesia, lo que permitió la participación del señor (Paa en bahasa) Kryss como interprete oficioso.

Pronto esta relación, motivaría el establecimiento de lazos afectivos entre la comunidad de residentes de los países del sudeste asiático (Indochina) y las personas del Zoo Luján, que se tradujeron en la realización de reuniones de las colectividades de Indonesia, Tailandia, Vietnam, Filipinas, Laos, Camboya, Birmania y Malasia residentes en nuestro país con motivo de celebrase festividades propias de dicha comunidad, donde cada una aportaba elementos de su propia cultura, danzas, canciones, representaciones y comidas. 

Se cumplieron los tiempos, y Supriyanto (ahora hispano parlante) debía renovar la visa que le permitía permanecer en nuestro país, trámite que debe realizarse en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina, asimismo necesario para regresar a Indonesia. Pero las autoridades argentinas se negaban a otorgar el visado, no podían admitir que una persona tuviera un nombre sólo y no nombres y apellidos como se estila en esta parte del mundo. La situación parecía insalvable ante la intransigencia del empleado de la Cancillería, quién no admitía razones tanto de Supriyanto como las nuestras, hasta que en forma providencial ingresó a esa dependencia una señora indochina vinculada a una de las embajadas de dicha colectividad, enterada de lo que sucedía puso en su lugar al empleado y Supriyanto tuvo el correspondiente visado.

... sigue recordando Martín Pérez

Supriyanto continuaba sus tareas de adiestramiento de las elefantas como si estuvieran en Indonesia, nosotros los cuidadores observábamos todo lo que hacían y de esta forma aprendíamos.

Supriyanto , estaba sorprendido por la cantidad y variedad de alimentos que recibían a diario las elefantas, si bien no ignoraba que en los zoológicos occidentales era lo normal, en Indonesia los elefantes eran alimentados sólo con hojas y tallos de bambú.

Además de la enseñanza de palabras para la conducción de las elefantas, el personal fue instruido en las distintas tareas relacionadas con el bienestar de ellas tales como, bañarlas, lavarle los ojos a diario, limar las uñas, recortar partes de piel reseca en las almohadillas plantares y otras tareas rutinarias de mantenimiento.

Eran tan pequeñas que entraban y salían por una puerta reducida utilizada por el personal, incluso una vez que se asustaron ante el ruido producido por una herramienta utilizada por el herrero que efectuaba un trabajo en el recinto, salieron como proyectadas por una pequeña ventana.

En Ragunan los únicos contactos que habían tenido con animales era con otros elefantes, dadas las características de ese zoológico. En su primera salida de recorrida, montada Sharima por Daniel B. y Arly por Martín P. se toparon con una majada de ovejas y ahí fue la estampida, salieron a toda carrera barritando (berrido estridente emitido por los elefantes cuando están excitados) recorriendo de esta forma más de cincuenta metros y regresando al recinto de donde habían partido, con los aterrados cuidadores aferrados a las orejas de las elefantes a fin de no ser derribados. Cuando todo parecía haberse calmado, hizo su aparición una vaca que empezó a perseguir al aterrado grupo, reiniciándose la carrera otros cincuenta metros. Intervino Supriyanto que interceptó a las asustadas elefantas y luego de calmarlas felicitó a ambos cuidadores por el comportamiento observado y que evitó la ocurrencia de un accidente. Al principio se asustaban incluso de hasta los patos y gansos que abundan en el zoológico, pero con el tiempo fueron cambiando su conducta.

Cuenta Ariel Sibaldi

Ariel fue cuidador por un tiempo, guía educativo y ahora es integrante del equipo de fotógrafos del Zoo Luján. Cuando era cuidador, le fueron asignadas tareas de atención nocturna de las dos elefantas. Esa tarea era compartida por otros dos integrantes.


En horas de la noche las elefantas permanecen en el interior del amplio establo construido en un sector del recinto, es una construcción de contorno octogonal con gruesas paredes hechas con tablones de madera. El interior se mantiene calefaccionado en forma permanente a 25 grados de temperatura habida cuenta de que en su país de origen esa es la media anual y por hallarse en pleno período de adaptación.


Debido a la elevación de la temperatura, los tres cuidadores permanecían en el exterior, y cuenta Ariel que en su primera noche, su somnolencia fue interrumpida por un gran estruendo, poderosos golpes de objetos que impactaban contra la pared de madera sobre la cual se hallaba apoyado. Como el ruido provenía del interior del establo, miró a través de una rendija y allí estaban las dos placidamente balanceándose como si nada hubiera sucedido. Poco más tarde y ya recostado Ariel sobre otro sector del establo fue nuevamente despertado por igual estruendo de objetos impactando contra esta otra pared, las elefantas impasibles continuaban en su rítmico balanceo. El suceso se repitió en nuevas oportunidades y siempre sobre las paredes que en forma alternativa se apoyaba Ariel y los otros cuidadores. Hasta que por fin, descubrieron a las dos arrojando batatas con sus trompas contra las paredes. Era su forma de protestar por que no les estaban alcanzando las bananas y manzanas a las que se habían acostumbrado comer cada dos horas!